Doce años tiene. Sale de su casa para ir a su primera clase de inglés.
Lleva puesto el jardinero rayadito que le regalaron para Navidad, ese que tanto
le gusta. Está nerviosa. No conoce a sus compañeros, no conoce a su profesora.
Eso es todo lo que le preocupa. Todo lo que tiene que preocuparte a esa edad. A
la vuelta de la casa, frena un auto en la esquina. La vereda es angosta, muy
angosta. Antes de que ella se acerque, el hombre que maneja se asoma por la
ventanilla y le pregunta cuál es la avenida Alvear. Ahora le preocupa otro
tema: enviarlo en la dirección correcta. No es buena con la ubicación ni con los
nombres de las calles; de eso se encarga su papá, él sí que sabe. Pero ahí no está. ¿Y si se
equivoca y lo manda para el lado equivocado? Está pensando en decirle que no
está segura, que le parece que queda cinco cuadras más adelante. Pero, entonces, se
le quedan todas las palabras atragantadas. El hombre que está en el auto abre
la puerta, y ella se da cuenta de que está desnudo, de que se bajó sus
pantalones y su ropa interior. Y sale corriendo. La única cuadra que le falta
le parecen diez, siente que nunca va a
conseguirlo, que el hombre la va a alcanzar. Se siente como el ratoncito que
huye del gato, ese de los dibujitos animados que mira por la tarde. Se da
vuelta y el auto rojo no está. El hombre tampoco. Larga el miedo contenido y se
pone a llorar. Pero enseguida se seca las lágrimas porque no quiere que la vean
así, le da vergüenza. Le da vergüenza que le pregunten por qué llora y tener
que explicar algo que ni ella entiende. Además, siente culpa. ¿Qué fue lo que
hizo para que ese hombre actuara así?
“Culpa: hecho de ser causante de algo”. Eso
es lo que quieren que sientas cuando se excusan por medio de frases como “por
algo le pasó”, “seguro estaba provocando”, “no exageres, al final no se les
puede decir nada”. No. Vos no sos “causante de algo”. Nadie tiene derecho a
decidir sobre tu cuerpo. Nadie tiene derecho a decidir por vos. No importa la edad, no importa
el sexo.
Algunos, como ella, lo pueden contar. Muchos, no. ¿Realidad? ¿Ficción?
¿Moda? ¿Exageración? Vos elegís ver lo que querés ver y pensar lo que querés
pensar.
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