domingo, 3 de julio de 2016

¿Conectados?

El mismo mensaje se repite:

“No pude dormir. Me llamaron del trabajo. Tuve que volver”.
Artista: Jean Jullien
Ella no puede apartar la vista de la pantalla. Lo sabés porque la estás observando. Es más, vos también leés el mensaje una y otra vez. Y te resulta una tarea imposible dejar de mirar ese rectángulo brillante. Advertís cómo ella hace movimientos ascendentes y descendentes con su pulgar, como si en esa simple acción se encontrara el secreto para poder recibir la explicación que le falta.

¿Qué pudo haber pasado para que se fuera así? ¿Qué es lo que no puede contarme? ¿Por qué elige esas tres breves oraciones para resumir la historia? Y los fantasmas aparecen sin que nadie los haya llamado. ¿Me está mintiendo? ¿Realmente volvió al trabajo o está yendo a otro lado? ¿Por qué sigue apareciendo “en línea”, pero no me responde? ¿Con quién habla? ¿Tiene tiempo para “charlar” con alguien más, pero no conmigo?


Y notás que se inquieta, que la ansiedad está ganando la partida. Punto para ese sentimiento que tanto nos cuesta manejar. Le empieza a escribir. Se arrepiente y lo borra. Porque esa es la ventaja de estar escondidos detrás de la pantalla. Pensar, repensar; escribir, borrar y escribir otra vez. El círculo se repite, interminables veces. Hasta que no aguanta más y le pregunta: “¿Con quién estás hablando?”.

Y vos pensás que, quizás, del otro lado hay una persona que tan solo no tuvo la posibilidad de responder con la inmediatez que se le exige, que se nos exige en estos tiempos en los que, paradójicamente, estar conectados nos desconecta aún más. 



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