La llevaron en la silla de ruedas, de eso sí se acuerda.
Pero ¿quién es toda esa gente que la rodea? ¿Qué celebran? No sabe si los
conoce, si en algún momento formaron parte de su vida. Cree que la mujer de
pelo corto que está sentada frente a ella es su hermana. Tiene un efímero
recuerdo. Se dirige con la mirada hacia esa mujer que le pregunta: “¿Estás
contenta, mamá? ¿Viste qué felices están todos de compartir Año Nuevo con
vos?”. Y no sabe qué responder. Porque se estaba aferrando a una memoria
incorrecta. Otra vez falló. No entiende. ¿Quién es ella en verdad?
Una chica le sonríe, se acerca y le dice que es la bisnieta.
¿Acaso ella tuvo hijos alguna vez? ¿Estuvo casada? ¿Se amaron y fueron felices
como en los cuentos que leía en su infancia? Porque de eso también se acuerda: los
bellos años de la niñez. Su hermana y ella corrían por el campo, perseguían gatitos
para poder sentir el contacto con su pelo suave. Siempre se sintió atraída por
esos animales tan libres, tan independientes…
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| Imagen extraída de Pinterest |
La suben de nuevo a la silla de ruedas. La van a llevar en
auto. ¿A dónde? No sabe, pero tampoco quiere. Una voz interior le grita que ahí
es donde tiene que quedarse, que ahí es donde pertenece. Y después de horas,
rompe el silencio: “Yo me quedo acá”. Pero la jovencita amable que fue a buscarla
trata de explicarle que su deseo no puede ser concedido. Entonces, como la niña
que solía ser, se encapricha y no quiere subir. Eleva la voz. Se enoja. Llora.
Exige. Quiere patalear, pero no puede. Y, de repente, se siente muy cansada
para seguir luchando y se da por vencida.
La despiden, le prometen volver pronto, y ella sabe que de
eso también se va a olvidar. Pero también sabe que es lo mejor, porque las
promesas no siempre se cumplen y ya no quiere vivir de la ilusión.

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