Aquella
mañana, cuando despertó, se dio cuenta de que ya no era el mismo. En ese mismo
momento, supo que había estado viviendo todo ese tiempo la vida de otro. Así,
con esa certeza, se preparó para vivir ese día y los que le seguían. Pero la
realidad era que no podía, porque siempre había hecho todo de manera
involuntaria, sin dejar lugar a los pensamientos. Muy abatido decidió volver a
acostarse, así, cuando se despertara, podría pensar que aquella revelación
habría sido solo un sueño.
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